Lletreferit — 28 Abril 2013
“Como amigo”, de Forrest Gander (Sexto Piso)
«Fatalmente, me abrí en un poema. Tú eres su nombre.»

He terminado “Como amigo” y me he sentado frente a la pantalla del ordenador para intentar escribir la reseña de este libro. No sé ni por dónde empezar, si os soy sincera. Pero he venido y me he sentado y he comenzado a teclear sabiendo que si no lo hacía ahora, cuando el libro aún rezuma entre mis dedos, no lo haría nunca, que esta reseña no saldría jamás. Tal vez no sé qué decir pero sí cómo: vomitando todo lo que opino, vomitando lo que Gander me ha hecho sentir a lo largo de la lectura.

Jeanette Winterson habla de este libro en la contraportada: «libro perturbador, inolvidable, encantado». No sabía hasta qué punto esos tres adjetivos eran el eje de la novela. Es un libro extraño; partiendo de esta afirmación siento que puedo seguir adelante. Es un libro que nos ha ocurrido a todos: el magnetismo que el protagonista, Les, tiene sobre toda persona de su entorno no es un sentimiento del que seamos ajenos, admitámoslo. Y tal y como le ocurre a Clay, el segundo narrador, ese magnetismo nos devora, ese magnetismo nos convierte en algo similar a un deshecho humano. Una fuerza mucho más enorme de lo que jamás llegaremos a imaginar rige nuestros pasos. A Clay esa fuerza lo manda directamente al lado de Les, y éste, con su imperturbable modo de vivir y actuar, es indiferente a todo sentimiento positivo. Pareciera que Les, desde su nacimiento, hubiese tomado conciencia de su verdadera condición; una condición que ni a él mismo satisface y que sentirá como una losa toda su vida. Así pues, Les se convierte en un rompecorazones que, en realidad, lo único que hace, como todo chico malo, es esconder sus debilidades, sus miedos, sus carencias. Les es un desgraciado: todo el mundo lo mira pero nadie lo ve, todo el mundo lo oye pero nadie lo escucha, todo el mundo lo toca pero nadie lo siente. Como si fuese un ser invisible que se busca constantemente pero que, al ser encontrado, se convierte en una pieza más de un rompecabezas absurdo.

Es desolación pura saber que a la edad de veinticinco años ya has vivido el período más intenso de la vida, que algo tremendo ha echado un fogonazo y ha causado un cortocircuito en una parte de ti, y vas a recordar lo que sentías al estar vivo, pero no lo sentirás de nuevo, y ni siquiera lo querrás recordar: no lo soportas, está demasiado surcado de culpa y dolor. De repente, una especie de ventarrón había amainado, dejándome en total desequilibrio en un mundo por el que había atravesado algo considerable. Alguna vez conté con opciones. Pero entonces era como si la vida, de un salto, se me hubiera salido del cuerpo.

Les es un imán y lo sabe, pero también sabe que en este mundo nacemos, vivimos y morimos solos. Sabe que la compañía es una trampa, que el amor es una trampa, que incluso la literatura es una trampa. Les es un ser trágico, Les está lleno de drama, Les está lleno de belleza. Y precisamente por eso, por la belleza, por el magnetismo, por el arrasar vidas sin querer hacerlo —puesto que son los demás y no él quienes ensucian su camino—, la vida de Les acarrea un destino infeliz y terrible. Si ni tan siquiera podemos controlar nuestros actos, ¿cómo podríamos controlar las vidas de los demás sobre nuestra propia vida?

Repito mi afirmación anterior: “Como amigo” es un libro tremendamente extraño que creo no haber comprendido en toda su magnitud. Quizás sea de esos libros raros cuya historia y conclusiones deben cerrarla los lectores. Quizás es ese tipo de libros que, como las películas de David Lynch, nunca entenderemos del todo pero que nos crean una adicción que nunca esperábamos; un volver sobre la historia, hablarla, resucitarla, para volver a matarla o silenciarla con las mismas conclusiones. “Como amigo” nos encierra en algo que parece un submundo, alejado de todo lo conocido hasta ahora. Es un lugar sórdido, agreste, solitario, donde los personajes parecen estatuas sacadas de los cuadros de Hopper: estáticos y silenciosos y creando universos tan embarrados, sin embargo. Ese submundo es, como Les, magnético; un precipicio por el que nos tiramos silbando, recordando aquella canción que es la banda sonora de nuestra vida. Y el final, por supuesto, de ese salto, sólo será la tercera parte de los puntos suspensivos del final de Les.

No es fácil recomendar un libro como el escrito por Forrest Gander. No es fácil porque puede significar un gran acierto o un gran error. “Como amigo” es un abismo, es un submundo muy similar a un infierno, que ocurre en el sur rural de los Estados Unidos; un submundo en el que todos parecen asesinos en serie, en el que el amor parece más una fábula que una realidad, y en el que la contradicción humana es el eje de los deseos insatisfechos de los protagonistas. En el fondo, en esta novela se encuentra lo mismo que en cualquier relato de McCullers: el miedo, la desazón de vivir, el sentirse perdido y hundido. La belleza, al fin y al cabo, que es siempre una maldición.

¿Sabéis a qué película me ha recordado esta novela en algunos momentos? A Dogville, de Lars von Trier. Aquello que no somos capaces de explicar nos produce miedo y excitación, igual que las personas a las que no podemos dominar, igual que las ciudades que no sabemos demoler. “Como amigo” es exactamente eso, aunque en realidad no lo sea. Es imposible escribir una reseña de este libro. O se lee o no se lee, definitivamente.

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Ainize Salaberri

Directora y editora de G&R. ı Lectora editorial. ı Proyecto de traductora. www.ainizesalaberri.com

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