“El día antes de la felicidad”, de Erri de Luca (Siruela)

“El día antes de la felicidad”, de Erri de Luca (Siruela)

«La guerra permitía una extraña libertad», asegura Erri de Luca en “Los peces no cierran los ojos“. Antes, mucho antes de esta novela, el mismo de Luca había escrito “El día antes de la felicidad”, una novela de las que dejan un poso tan profundo en el lector que es muy difícil recuperarse de su lectura. Difícil porque ahonda tanto en el alma humana y sus sinrazones, que incluso los más acorazados de nosotros queda al descubierto, en medio del oceáno, sin agua potable que llevarse a los labios y sin lluvia que refresque el dolor. Erri de Luca es magnánimo y directo, y sabe de lo que escribe: que la guerra permitía una extraña libertad, pero que la guerra podían ser, efectivamente, las bombas, las granadas y las trincheras, como lo eran también los labios de una mujer, sus piernas o el deseo encubierto de un joven que apenas comienza a percibir que ha dejado atrás la infancia de la pelota y la sangre en las rodillas; un joven que aprenderá, a golpes, como aprendemos todos, que la sangre es más roja cuanto más se aleja de la superficie de la piel.

–Esta es la naturaleza, chaval, cuando tú estás solo en un punto suyo perdido y te reconoces. / Es un bolsillo del revés la noche en la ciudad. / Era escuela  la ciudad también. / Los locos no lo saben y no lo dicen. / El escritor debe ser más pequeño que la materia que relata.

Erri de Luca sabe coser sin agujerear, es un perfecto sastre: moldea con sus palabras una suerte de trajes, camisas, faldas y vestidos que se ajustan a nuestra cuerpo como si de una segunda piel se tratase. Como los guantes verdes casi negros de los que habla Mary Ann Clark Bremer en “Cuando acabe el invierno” (Periférica, 2013). Así hila de Luca, tan fino que es imperceptible, y sin embargo. Tan fino, tan dulce y tan delicada como demoledoramente. Pero en Erri de Luca es la belleza lo que permanece, la ensoñación de lo que narra, lo potente de lo que habla. En “Los peces no cierran los ojos” Erri nos hablaba de los agotamientos del destino, algo que me recuerda mucho a “La niña del faro” de Jeanette Winterson (me temo que algo más que el mar une estas dos novelas, sin saber aún muy bien el qué); también nos hablaba del tiempo, de la pesca, del descubrimiento de la vida a través de los ojos del primer beso, a través de la piel del primer amor; a través de los callos en las manos, a través de las ventanas y del sofocante verano; también nos hablaba de libros y del incesante buscarse de uno mismo. En “El día antes de la felicidad” nos sitúa en una Italia de posguerra, en una portería y en un abandono; en una abandono que no tiene como consecuencia, en este caso, una renuncia; en un abandono que no es, curiosamente, un rotundo no que se ancla en la garganta del protagonista. Es la novela, como su propio título indica, del día antes de la felicidad, aunque la felicidad sea eso que ocurra mientras se lee la historia. Y no, no exagero: esta es una novela que cambiará la vida literaria del lector, al que no le quedará otra más que asentir y aplaudir ante la belleza hecha palabra. “El día antes de la felicidad”, como “Montedidio” o como “Los peces no cierran los ojos”, es una exploración del ser humano, una exploración de las consecuencias de la guerra, de las consecuencias del abandono, de las consecuencias del descubrimiento; una exploración de aquello que da sentido a la vida, de aquello que hace temblar nuestras manos y nuestras piernas, de aquello que no tiene miedo ni es cobarde. Erri de Luca es valiente y, por ende, también lo son sus novelas y sus personajes: valientes que se alzan ante gigantes y, sí, los vencen. Y los vencen sin maldad, sin armas ni insultos: los vencen porque así ha de ser. Quizás rezume cierto trasfondo religioso. Quizás sí. Los libros de De Luca deberían ser el pan y la oración nuestra de cada día.

Un niño que crece sin caricia alguna endurece la piel, no siente nada, ni siquiera las zurras. Le quedan los oídos para aprender el mundo. Entre nosotros había muchos chillidos, pero nadie lloraba.

Imaginaos, venga: la Italia de la posguerra. Esto es como decir el Londres de la posguerra pero de forma mucho más encantadora y certera. ¿Por qué? Porque hay escondites (ingleses, casi), porque hay enseñanzas, porque hay un batir de alas que despeina las inseguridades y los miedos, las viejas añoranzas y los viejos temblores en la tierra, porque hay esperanza. ¿Había en el Londres de la posguerra esperanza? Sarah Waters nos lo contesta en “El ocupante” y en “Ronda nocturna”, y ahora os lo contesto yo: no. ¿Hay esperanza en la Italia de Erri de Luca en “El día antes de la felicidad”? Sí, la hay, y de qué manera.

“El día antes de la felicidad” es un libro sensible para con el lector; es un libro sensible para con el ser humano, para con los sentimientos de renacimiento que todos queremos para nosotros, es sensible para con las sensibilidades aún no heridas de los lectores. Es un libro que emociona, que dilata las ganas y la felicidad, que engrandece la literatura y todo lo que la acompaña, que soterra los miedos y enorgullece la fuerza: la de salir adelante, la de crecerse ante la adversidad, la de sentirse invencible por sentirse limpio y transparente. Una auténtica experiencia leer a de Luca en “El día antes de la felicidad”. Auténtica y maravillosa aventura.

La guerra es la mejor ocasión para hacer porquerías. Concede el permiso. Para un buen gesto, en cambio, no hacen falta permisos.

Author

Directora y editora de G&R. ı Traductora ı Lectora editorial ı Adicta al café ı Woolfian, Sextonian . www.ainizesalaberri.com

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