“Virginia Woolf”, de Gazier y Ciccolini (Impedimenta)

“Virginia Woolf”, de Gazier y Ciccolini (Impedimenta)

 

¿Qué le falta a Impedimenta?, me preguntaba yo una tarde cualquiera en un lugar cualquiera. A Impedimenta, me dije, le falta Virginia Woolf. Estaba Leonard con sus vírgenes, pero todos sabemos –y lo sabía él también, pobre– que Leonard no es Virginia, que Leonard no era capaz de alcanzar las cotas que alcanzaba su esposa. ¿Y quién lo era, y quién lo es, y quién lo será? Es cierto. Es probable que, como ocurre con Shakespeare, jamás nadie vuelva a alcanzar la genialidad de Virginia Woolf sobre el papel. Y estoy dispuesta a dar las gracias por ello. Pensaba, por tanto, que a Impedimenta le faltaba redondear su jugada editorial magistral con la escritora inglesa. Complicado, pensaba, todo está publicado. Es cierto que este volumen que abre la colección EL CHICO AMARILLO no está escrito por ella. Sin embargo, y sorprendentemente, contiene la esencia Woolfiana. Nada más terminar de leerlo pensé que no estaba todo lo que fue, pero que fue todo lo que está. Como primer, segundo y tercer acercamiento a Woolf y su obra, este libro es una maravilla. Para lectoras fanáticas y groupies como yo, este libro sigue siendo una maravilla.

He echado de menos la locura, he de reconocerlo. La forma de abordar este tema en concreto es demasiado lúcido, demasiado seco. También he echado de menos las pasiones de Virginia. Recuerdo un documental en el que varios expertos en Woolf hablaban de sus traumas, de sus amores y sus pasiones. Virginia amó a cuatro mujeres por encima de ella misma (y excluyo de estas cuatro mujeres a su madre, Julia, pues es un amor que presupongo, cuya muerte dio comienzo a su debacle): Violet Dickinson, Vanessa Bell, Vita Sackville-West y Ethel Smyth. Ninguna de estas mujeres queda perfectamente delineada en el libro. Sí lo está, sin embargo, Katherine Mansfield. No es una crítica, sólo una exposición. Mansfield, al fin y al cabo, pasó, en comparación con esas cuatro mujeres, muy de puntillas por la vida de Virginia, y se muestra, sin embargo, a una Virginia destrozada por la muerte de la escritora. Es una escena tremendamente tierna, así como la que muestra a Virginia y a Vita diciéndose que no se separarían nunca. Pero es precisamente eso lo que he echado de menos: la Virginia desarmada que existía.

El libro, no os quiero llevar a engaño, es una delicia. La Virginia niña cercana, dulce y tierna queda perfectamente dibujada. Cómo se forjó su vida, cómo se forjó su carácter de adulta se muestra en las primeras páginas con una excelencia sin igual. Esa Virginia necesitada del amor familiar, ignorada hasta cierto punto, recostada sobre el regazo de su madre en el tren de camino a St. Ives, es posiblemente uno de los mejores homenajes que se le pueden hacer a Virginia. Esa era la mujer verdadera, esa que se dejaba ir al fin del mundo por un poco de amor, de atención, de reconocimiento. Es la Virginia que desconoce el gran público, loca como se la tacha –siendo la más cuerda de entre todos nosotros, permitidme que os diga. Ese es el gran acierto de este libro: desmitificar la locura, mostrar la realidad: esta era, esta fue. Dejo atrás el párrafo anterior y me centro en la valía de este libro: es un recuento soberbio de la vida de la mejor escritora del siglo XX (y de los siglos anteriores y de los siglos que vendrán); es la sucesión de escenas que hacen justicia a quién fue, a por qué se convirtió en lo que se convirtió, en cómo sentía, en cómo necesitaba, en cómo moría día tras día por algo que todos sentimos: el miedo, la pérdida, la ausencia, el amor, la infancia, la madurez, la decadencia, el dolor, los huesos, las entrañas. La LITERATURA. La Virginia que se muestra si ambages en este libro es la Virginia que todo el mundo debería recordar: la humana, la niña encerrada en el cuerpo de una mujer de la que siempre, siempre, se exige demasiado. La Virginia que, los que la amamos, hemos visto cientos de miles de veces en sus novelas. “Los años”, “La señora Dalloway”, “Las olas”, todas sus novelas, todos los relatos, todos los ensayos, están contenidos en 90 páginas de grandeza. También Leonard, también Vita, también los pájaros que hablan en griego, también la cabra, también el Ouse, maldito asesino. Por eso este libro debe convertirse en un éxito: porque es Virginia, pero no Virginia Woolf: Virginia STEPHEN.

Palabrita de amante de Virginia.

El libro salva, hacedme caso. Salva a Virginia y nos salva a todos. Salvada ella, salvada la literatura, que buena falta nos hace.

Author

Directora y editora de G&R. ı Traductora ı Lectora editorial ı Adicta al café ı Woolfian, Sextonian . www.ainizesalaberri.com

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