Lletreferit — 22 Abril 2017
“Gainsbourg: elefantes rosas”, de Felipe Cabrerizo (Expediciones polares)

Hace un año viajé a París por primera vez y fui feliz. Desoxidé mi francés de bachiller; comí crêpes, croissants y quiches; paseé por las librerías y los puestos del Sena; visité la Bibliothèque National y el Louvre y el Orsay; comí a los pies de la Catedral de Notre-Dame e hice muchas fotos de paisajes, flores y pájaros. Fui feliz callejeando por aquella ciudad que no me era tan desconocida, a la que temía decepcionar y que me decepcionara, pero me sorprendió más de lo que esperaba y nos abrazamos fuerte, muy fuerte. No quiero que me olvides.

A Gainsbourg, como a París, no sé cómo llegué a querer sin conocer pero en algún momento se coló su música y, tras ella, Él, así, en mayúscula, porque separarlos es deformar una obra que no se entiende la una sin el otro. Y llegó formando parte de la banda sonora de mi vida de una manera tan íntima que resulta complicado descartarlo de los imprescindibles.

Pero, ¿acaso importa todo esto cuando hablamos de Elefantes rosas?

Je connais mes limites. C’est pourquoi je vais au-delà.

Conozco mis límites. Por eso voy más allá.

A Felipe Cabrerizo, ésta que escribe, le admira desde hace largo tiempo. PsychoBeat! es uno de los podcasts que llevo más tiempo escuchando, recuperando y descubriendo clásicos de los años 60-70 de estos y otros lares, escapando de la música en inglés. Y que él haya decidido escribir una biografía de Serge Gainsbourg donde su música juega un papel más importante que su vida llena de anécdotas, rumores, mentiras, medias verdades y otras exageradas, francamente, tiene mucho mérito y es sinónimo de calidad. Porque Cabrerizo no habla sin saber y tampoco juega el papel de experto total. Cabrerizo representa a los admiradores de varias generaciones que ha decidido reunir en un solo documento lo que Gainsbourg fue y es en la música y en la cultura en general. Negar la huella gainsbourguiana es pasar por alto la liberación de la música en Europa escapando de la imitación de Estados Unidos.

Elefantes rosas es un poco esto todo, el manual definitivo para entender la transcendencia de Gainsbourg en la música, sus ansias de abarcarlo todo y ofrecer su arte a quien quisiera recibirlo; la intranquilidad y el nerviosismo de alguien que se sabía importante sin saber por qué ni cómo; la incomodidad de sentirse infravalorado e incomprendido por sus contemporáneos y, en cambio, ahora, ¡qué tanto sentido tiene toda su obra! Gainsbourg no es un one-hit-wonder, ni un producto comercial estratégicamente pensado para gustar a todo el mundo, pequeños y grandes. No. Gainsbourg es el poder de un nombre que cambia el sentido de todo. Es un concepto en el que se basan los discos de música del s. XXI, es una estética, es una forma de hacer las cosas, es un estilo.

Hace un año viajé a París por primera vez y también leí Elefantes Rosas. Si no reseñé antes es porque no encontraba las palabras, porque hablar de las cosas que gustan mucho cuesta sin repetirse. Pero aquí está, como el libro que se ha guardado en la balda de los favoritos. No puedo decir más.

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Verónica Lorenzo

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