De Profundis Poesía — 21 Abril 2017
“Cuaderno de campo”, de María Sánchez (La Bella Varsovia)

Hay quien dice que la poesía no puede ser traducida. A veces, incluso los lectores percibimos que la poesía es difícilmente escrita. Es, probablemente, el género más complicado precisamente porque todo el mundo cree que puede ser poeta. Están los que se autoproclaman poetas, sin ninguna vergüenza ni pudor, y están los que lo son y lo demuestran. Además, cada vez que nos acercamos a un(a) poeta, buscamos sin querer a nuestros referentes en el género (y es que, si hay algo que hacemos mal los lectores es comparar, buscar similitudes); no deja de ser un intento más de buscar ese escalofrío que nos recorrió cuando, como me ocurrió a mí, leí a Wordsworth o a Byron o a John Donne en la universidad, o como cuando leí por primera vez a Anne Sexton o a Adrienne Rich. A Sylvia Plath, incluso, y a Pizarnik, y a Emily Dickinson. Lo que buscamos es esa caricia en las entrañas: que calmen o revolucionen nuestras bestias interiores. Y eso, por suerte y por desgracia —pues depende de cómo se mire—, ocurre pocas veces.

Hoy es una de ellas.

Quería abrazarse a su madre

mamá, mamá

¿sabes de la textura del dolor

o de la primera leche que se desprende?

pero mamá no tenía pecho

quería oler a lavanda pero en la era sus manos

solo podían dar cobijo al trigo

María Sánchez ha escrito “Cuaderno de campo”. No es lo primero que leemos de ella, pues ya ha publicado textos anteriormente en distintos medios y antologías, y era una de esas chicas de Twitter a la que le sigues la pista porque sabes que , que es una de las que pasarán a formar parte de ese pequeño y reducidísimo grupo de gente que sabe escribir porque le nace de dentro. Este libro de poesía, publicado en La Bella Varsovia, es la confirmación de la sospecha. Los poemas de “Cuaderno de campo” son las vísceras que deja el tiempo, tanto presente como pasado, y la sangre, la herencia. Imagino a María en el campo, sentada sobre la hierba, apoyada la espalda en un muro de piedra, y escribiendo lo que le hierve por dentro mientras ejerce su profesión. Siento que estos poemas fueron escritos en pleno ardor, cuando lo que palpita lo hace con tanta fuerza que es imposible no prestarle atención. Cuando la historia personal lleva tanto tiempo sobre los hombros que los huesos empiezan a crujir mientras intentas enderezar otros; en ese momento en el que decides que, además de salvar o rescatar a los demás, has de salvarte y rescatarte a ti misma.

I

Una casa puede ser un desierto. Quién me observa desde una fotografía. Mis medias manchadas de desván. Lo que separa un cristal también es un abismo. Esos búhos tan vivos y tan muertos me ven como una presa fácil.

II

La bala de mi bisabuelo agrieta mi costado. Donde yo estoy llorando se esconde la mano que sujetó la muerte. Podría echarme al monte como él, ¿pero a quién he matado yo, si soy la que sangra?

Es difícil definir “Cuaderno de campo” porque es imprescindible leerlo, sentirlo, machacarte a ti misma en su interior y dejarse guiar por los pasos de María; y, también, es importante no dejarse seducir en exceso por esos mundos perdidos pero recordados, que tocarán más de una tecla de nuestra existencia, pues podemos llegar a encerrarnos, voluntariamente, en las jaulas de la memoria que, a medida que envejecemos, intentamos dejar atrás. María, sin embargo, se introduce en ellas, las lee, las siente, las disecciona y nos las muestra. Nos cuenta su historia, su herencia, y nos envuelve con un mundo que, parece, dejó de existir hace mucho. Pero no es cierto, se ha renovado, María lo está salvando (lo que también implica salvarse a sí misma).

Sangre no es la palabra:

quizás un temblor

En los bordes de la herida,

¿quién alimenta a quién?

El lirismo con el que está escrito, el acierto en cada una de las palabras, su disposición, su ritmo es, simplemente, maravilloso. Una creación auténtica y un canto magistral a la sangre, a las vísceras, a la formación de un cuerpo, con sus aristas, sus agujas, su ternura, y al dibujo del paso del tiempo. Un homenaje a su historia personal, al baile entre pasado, presente y futuro. Un monólogo que protege, encandila, asusta, quizás, y ataca. Una bestia, en ocasiones, que se lame las heridas, que se prepara para no ser cazada. Y una caricia en mitad de una matanza. La matanza de qué o quién sólo la podéis elegir vosotros, leyendo a María Sánchez y su “Cuaderno de campo” y dejándoos arrullar por ese canto del campo, de sol, de nieve, de hierba.

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Ainize Salaberri

Directora y editora de G&R. ı Lectora editorial. ı Proyecto de traductora. www.ainizesalaberri.com

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