Lletreferit — 08 Junio 2016
“El chico de la trompeta”, de Dorothy Baker (Contraseña)

Ahora que hace tiempo terminé esta lectura, es tiempo de reseñarla, de escribir cuánto recomiendo esta obra a los amantes de la música jazz, de los libros musicales y de una buena novela; no tiene por qué ser en este orden de preferencias, pero ayuda a priorizar las miradas que posarán sobre las líneas escritas por Dorothy Baker. Aunque se considere ésta la primera novela sobre jazz, al tiempo que leía no podía evitar recordar el grandísimo cuento de Julio Cortázar, El Perseguidor, incluido en Las armas secretas, inspirado en la figura del saxofonista Charlie Parker. Había momentos que parecían ir de la mano entre la novela y el relato. Johnny Carter podía ser Rick Martin.

El trompetista Bix Beiderbecke se transforma aquí en Rick Martin, en el mismo músico blanco en un mundo de músicos negros, donde el auténtico jazz es disputado según la raza. Distinto nombre, pero misma alma que protagoniza esta historia, la de su vida; para escribir, dicen otros, una biografía del jazz; también lo es de los años 20 de los Estados Unidos, de los clubs de música y de la Ley Seca. En cambio, Baker dice que esta es la historia de varias cosas, “de la distancia entre el talento musical de un hombre y su capacidad de sacarle el máximo provecho en la vida; de la diferencia de la expresión personal y de las exigencias de la vida en este mundo; y, en último lugar, de la diferencia entre los bueno y lo malo en un género artístico propio de Estados Unidos: el jazz”.

Rick Martin comienza joven a percatarse de su propio talento en su soleado Los Ángeles para aterrizar en Nueva York, acompañada por, quizás, la única mujer que supo comprenderle, y rodeado de música y de músicos, de la noche y del alcohol, la única necesidad vital a la que se podía dedicar además de tocar y tocar mucho. Martin sabía que era bueno y de que quería ser mejor, quería ser el mejor. Por eso se entregó por completo, noche tras noche, sin diferenciar el paso del calendario, siguiendo los latidos de su corazón que marcaba el ritmo que debía seguir su trompeta.

Su breve e intensa vida sirve de excusa a Dorothy Baker para hablar, en 1938, sobre los pro y los contra de la música como profesión, de los sacrificios, de lo tanto que se bordea la locura pero, sobre todo, para hablar de la soledad pero también del compañerismo entre músicos. Hacia el final del cuento de Cortázar, el personaje de Johnny Carter le confiesa a Bruno, el narrador, “estoy tan solo como este gato, y mucho más solo porque lo sé y él no”. Es esta la soledad que Martin experimenta en su vida.

Smoke es aquel amigo, ángel guardián de Martin que le acompaña en su vida musical,  quien lo introdujo en el jazz, le enseñó el camino y ahora, en sus días finales lo acompaña. Bix Beiderbecke, al igual que aquí su alter ego Rick Martin, vivió sus días con pasión e intensidad y falleció desbordado por el alcohol a los 28 años.

Lo bueno es vivir una vida entregada a una pasión, por muchos vaivenes que eso te suponga, aunque eso te lleve a caerte de bruces.

Related Articles

Share

About Author

Verónica Lorenzo

(0) Readers Comments

Comments are closed.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para ofrecerte la mejor experiencia como usuario. Si continúas navegando estás dando tu consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies. Para más información pincha el enlace.plugin cookies

ACEPTAR