Entrevistas Escritores — 29 Abril 2016
Entrevista a PILAR ADÓN, escritora y poeta

Esta es la primera entrevista que realizamos a Pilar Adón, como escritora, en el G&R #19, disponible AQUÍ. En el último número de la revista, G&R #34, hemos vuelto a entrevistarla con motivo de la reciente publicación de su nueva novela, “Las efímeras”, cuya reseña podéis leer AQUÍ.

Pilar Adón (Madrid, 1971) es escritora y traductora. También es poeta. También ha ganado premios: Nuevo Talento FNAC 2010 por “El mes más cruel” (Impedimenta), I Premio Ópera Prima de Nuevos Narradores por “El hombre de espaldas” y Premio Ojo Crítico de Narrativa 2005 por “Viajes inocentes”. Participa en antologías tanto de relatos como de poesía. Ha traducido, y traduce, a Penelope Fitzgerald, Edith Wharton, Henry James o Joan Lindsay, entre otros. Su último poemario es “La hija del cazador” (La Bella Varsovia)y está ultimando su próxima novela. Es la escritora que le faltaba al panorama español. Es fresca, es cruel, es brillante. Es la escritora que todo escritor desea ser.

¿Cómo empieza a escribir Pilar Adón?

Siempre me gustó leer. De pequeña no hacía otra cosa, y es habitual que una actividad lleve a la otra. Se debió también a una sucesión de impresiones. Me impresionó “Primer amor”, de Turgeniev cuando lo leí por primera vez; me impresionaron ciertas fotografías de escritores, como las de Djuna Barnes, Katherine Mansfield, Virginia Woolf; me impresionó una biografía maravillosa de Paul Bowles… Creo que decidí muy pronto que quería hacer lo que esos escritores hacían. Expresarme de alguna manera, y en la casa de mis padres no había piano y jamás me apuntaron a clases de danza. En cambio, sí que había libros. Siempre tuve claro además que no quería trabajar en grupo, y la literatura se presta a la perfección a esa actitud solitaria. No quería depender de nadie para hacer lo que quisiera hacer ni que los demás pudieran arrogarse la facultad de dirigir mis esfuerzos o mi tiempo. Y así sigo. Me da la impresión de que en realidad cambiamos poco a lo largo de la vida.

¿Por qué escribes las historias que escribes? ¿Qué te lleva a poner a tus personajes siempre en algún tipo de encrucijada, encerrados sin los barrotes de una prisión pero anclados a un suelo, a un recuerdo, a una imposibilidad?

Es por culpa del miedo. Todos mis personajes tienen miedo, y todos se esconden, lo que no quiere decir que así dejen de estar asustados. El miedo pasa a estar latente, quizá, en lugar de mantenerse angustioso y paralizante a todas horas. Pero la existencia diaria sigue mediatizada, y los personajes de mis historias se ven obligados a hacer ciertas cosas, observar ciertos rituales, para continuar moviéndose, comiendo, existiendo. A eso es a lo que se entregan todos ellos. A intentar no dejarse arrastrar por el miedo, aunque sepan constantemente que sigue ahí, ya que llevan años conviviendo con él. Supongo que en el fondo es lo que hacemos todos. En cuanto comprendemos que vamos a morir nos cae encima la manta del miedo, y ahí se queda, más liviana en unas ocasiones, más gruesa en otras.

En una entrevista en La Razón decías: “Somos más crueles con nosotros mismos que con los demás.” ¿De dónde te viene la crueldad con tus personajes? Julia y Drayton en “Las hijas de Sara” son tremendamente infelices, atornillados al mismo horizonte para siempre, y la hermana de Julia, Rose, entre silencios construye una bomba que pronto explotará delante de todos. ¿Por qué tanto dolor, por qué tantas heridas?

La desgracia de los personajes de “Las hijas de Sara” consiste en tener que convivir en una casa cerrada de la que resulta muy difícil salir, y no sólo en un sentido figurado, sino también real. En un plano literario, tal situación ofrece multitud de posibilidades dramáticas, de giros argumentales, de planteamientos psicológicos interesantes. En un plano más auténtico, es algo que sucede todos los días: las servidumbres y limitaciones que nos imponen los demás, los seres cercanos, en nombre del cariño o de la protección absoluta, sin que muchas veces nos demos ni cuenta de ello. Por otro lado, por encima de estos personajes planea la identidad de un ser perfecto e inalcanzable, la madre de Julia y Rose, que ha desaparecido y no va a regresar, lo que hace de su existencia algo más doloroso aún. Todos los personajes de “Las hijas de Sara” son conscientes de que esa belleza, ese ideal, ha sido eliminado, en parte, por sus propios pecados y errores. Han perdido lo más valioso de sus vidas (que se ha hecho mucho más precioso al desvanecerse), y se culpabilizan entre sí. Alguien ha de cargar con la responsabilidad, y es entonces cuando su existencia cotidiana se convierte en un infierno.

Tanto en “El mes más cruel” como en “Las hijas de Sara” los personajes dependen de otros personajes, como si no pudieran existir los unos sin los otros. Y la dependencia, claro, provoca poder. ¿Es por esto que no existen, en ninguna de las dos novelas, personajes felices?

Algunos personajes de “El mes más cruel” tienen breves momentos de tranquilidad, de entrega a la contemplación, y encuentran así algo muy parecido a la felicidad. Y en “Las hijas de Sara”, las dos protagonistas son felices cuando están con su madre. El problema aparece, como dices, cuando esa dependencia tiraniza, y florece una vez más el miedo. Además, el propio miedo los lleva a su vez a desear anclarse de nuevo a algo, de lo que vuelven a depender, por lo que entran así en un círculo vicioso. Pocas veces son capaces de descubrir que pueden hacer cualquier cosa por sí mismos, en parte porque, para ellos, comportarse así implicaría romper lazos con todo. Y no se atreven. Prefieren soportar la situación de aislamiento y esclavitud porque lo otro, desprenderse de las ataduras, les parecería cruel. Suelen pensar más en los demás que en sí mismos.

Como decía Marta Sanz en el prólogo a “El mes más cruel”, todos o casi todos los personajes de los relatos leen. ¿Deben leer para poder sobrevivir por sí mismos?

También existe una curiosa dependencia de los libros, y, como decíamos, estos personajes necesitan desesperadamente anclarse a algo. Los libros acompañan, están siempre ahí, no traicionan y provocan todo tipo de sensaciones duraderas. Los personajes de las novelas se quedan con nosotros, y también sus casas, los paisajes que ven, lo que experimentan y aprenden. Leer una novela lleva a vivir una novela, y esa vida es magnífica.

¿Las personas que leen tienen salvación?

Los que leemos sabemos que los libros salvan a todas horas. Es algo físico.

¿Cómo escribe Pilar Adón?

Intento rodearme de silencio en un país en el que el silencio es un lujo carísimo. En cuanto consigo cierto silencio, y tengo la certeza de que se va a mantener, puedo escribir durante horas, sin parar y sin cansarme. Lo que me paraliza es la interrupción de los demás con sus ruidos innecesarios y tan tolerados.

Tu voz narrativa no es la voz narrativa común del panorama literario español. Tu estilo es muy británico, muy inglés, muy de luces y de sombras, de silencios y naturalezas. ¿Te han influenciado literaturas anglosajonas? ¿Qué lee Pilar Adón?

Me dejo llevar por cadenas de vínculos literarios. Durante un tiempo leí todo lo que encontré de Marguerite Duras y todo lo que tuviera que ver con ella, y así llegué a Perec, a Queneau, a Vila-Matas… Lo mismo me pasa con los autores ingleses, americanos, rusos… Establezco líneas de autores, y me apasiono durante un tiempo con ellos, hasta que llego a otra cadena. En cualquier caso, creo que esa tendencia a relacionar mi escritura con la tradición anglosajona se debe básicamente a la presencia constante de la naturaleza, que suele generar un universo desbordado, febril, propio del romanticismo. La literatura española puede estar más relacionada con el realismo, muchas veces social, y ese es un tema que no trato.

¿Cómo se te ocurren las historias? ¿Antes de ponerte a escribir rumias una idea, la organizas, la estructuras, o empiezas a escribir, simplemente, a partir de algo que necesites decir?

Tengo que saber cómo empieza una historia y cómo va a terminar. Las frases exactas de inicio y fin. Si la primera frase no funciona, no sigo hasta tenerla cerrada. También es esencial conocer perfectamente al personaje principal. Qué piensa, qué le ha sucedido y qué le va a suceder. En el desarrollo de la historia puedo dejarme sorprender un poco más, pero tampoco mucho. Lo normal es que intente tenerlo todo bien atado y controlado.

“La huida de Virginia”, relato de “El mes más cruel”, es un relato que me recuerda al momento en el que la señora Dalloway, de Virginia Woolf, debe enfrentarse a sus invitados, bajar las escaleras, hacer las voces reales. ¿Cómo surgió este relato? ¿Tiene algo que ver con la fiesta de Dalloway?

En “La huida de Virginia” hay un personaje que intenta no caer en un comportamiento asocial ahora que ha preparado una magnífica fiesta de bienvenida para el otro personaje del relato, que acaba de regresar después de mucho tiempo de separación y que, además, significa mucho para el primero. Es la historia de un ser débil que no quiere decepcionar a nadie, que no quiere manifestar su propia desolación ante los demás y que, a pesar de su empeño, no consigue salir de su habitación. Es lógico que te recuerde a la señora Dalloway, considerando, además, que el personaje principal se llama Virginia. Hay mucho de juego en este texto, pero lo principal, lo que quería mostrar básicamente, es el terror al enfrentamiento. La inquietud de tener un encuentro real incluso con lo que nosotros mismos hemos ideado y llevado a la práctica.

¿Qué historias te gusta leer? ¿Y que historias prefieres escribir?

Cuando estoy a punto de terminar de leer una novela, suele sucederme que repaso las últimas páginas varias veces, muy despacio, supongo que para no terminarla de verdad. Repaso algunas páginas ya leídas, vuelvo a los párrafos que marqué en su día, y recuerdo que hace unos años, mientras estaba a punto de terminar una novela de Iris Murdoch, me di cuenta de que había leído el mismo párrafo unas diez veces. En esta ocasión lo hice básicamente porque estaba muy bien escrito, además de por esa costumbre mía de dilatar el final. Pero también porque en la primera lectura me había hecho sonreír. Y no porque lo que contara fuera especialmente gracioso sino porque, además de hacer gala de un ritmo envidiable y de un dominio absoluto del argumento, Murdoch le había dado un giro sorprendente a la narración, y lo había hecho con una facilidad magnífica. Esta admiración total por su maestría me hizo sonreír. Y eso es lo que busco en las historias que leo: que me conmuevan por su inteligencia, por la manifestación del genio literario y el dominio del idioma. Lo que se me cuente me importa menos, y a la hora de escribir me planteo las mismas premisas. Trato de transmitir ese momento extraordinario que tiene que darse en toda historia, ese encantamiento que el escritor ha de hacerle sentir al lector. Lo contrario sería tan vano como la impresión que produce ver a una persona con auriculares que está bailando con toda la pasión del mundo sin que los demás puedan escuchar su música.

¿Es “La hija del cazador” una huida? ¿Acaso es un disfraz que nos quitamos mientras caminamos sin rumbo fijo? “Limitar los gestos sin manifestar llanto / y jamás retroceder.”

“La hija del cazador” es una excursión por un bosque repleto de cepos emocionales, recuerdos de lo cotidiano ya pasado, que, al ser evocado, se convierte en algo excepcional, y de madrigueras que sirven de escondite. Sí, se puede decir que la hija huye por el bosque, cuesta arriba, para escapar de los disparos y de los animales muertos que caen a su alrededor.

¿Para cuándo la nueva dosis de Pilar Adón?

Estoy escribiendo. Luego tocará corregir.

Test rápido

Una escritora: Iris Murdoch

Un escritor: Antón Chéjov

Un libro que salvar de un incendio: “Franny y Zooey”, de J.D. Salinger

Un libro para regalar siempre: “Orlando”, de Virginia Woolf

Un poema: «Me from Myself — to banish —», de Emily Dickinson

Una ciudad literaria: Sintra

Un estilo: Modernismo anglosajón / Fluir de conciencia

La mejor literatura está en… ¿qué país? La Inglaterra de la primera mitad del s. XX

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Ainize Salaberri

Directora y editora de G&R. ı Lectora editorial. ı Proyecto de traductora. www.ainizesalaberri.com

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