Entrevistas Traductores — 18 Enero 2016
Entrevista a Las Cuatro de Syldavia

En nuestro G&R #24 entrevistamos a Regina López Muñoz, una de las integrantes de Las Cuatro de Syldavia. En aquella entrevista, que podéis leer AQUÍ, ya hablábamos de este grupo de traductoras. Nos parecía importante, dado que se dedican a traducir no sólo novelas sino también novelas gráficas, entrevistarlas a las cuatro y ver qué nos contaban; seguir arrojando luz a un arte que, de momento y lamentablemente, parece seguir pasando desapercibido. Recordaros, además, que nuestro G&R #32 versaba sobre novela gráfica; podéis descargarlo AQUÍ.

Julianne Bearsome, Daphne Salanski, Reginella DuLoup y Hester Kurtz. ¿Quién se esconde detrás de esos nombres y, sobre todo, cuál es vuestra trayectoria?

Aunque no deberíamos desvelar tan alegremente nuestra identidad, ya que somos auténticas agentes secretas, haremos una pequeña excepción: tras esos nombres, y por ese orden, nos encontramos Julia Osuna Aguilar, Laura Salas Rodríguez, Regina López Muñoz y Esther Cruz Santaella. Las cuatro empezamos en el mundo de la traducción después de cursar la carrera en la Universidad de Málaga. De manera simultánea a nuestros primeros pinitos, alguna hizo un experto universitario o un máster en traducción literaria, hubo quien entró rápido a colaborar en una editorial como correctora y alguna otra se marchó a Grecia a probar suerte. Pero todas, de un modo u otro, tuvimos siempre claro que queríamos dedicarnos a la traducción literaria y que en algún momento nuestra vida profesional viraría hacia ese rumbo. Cronológicamente, Julia fue la primera en meterse de lleno en el mundillo, y empezó a colaborar con 451 Editores y Gallo Nero, por ejemplo; Laura combinó la enseñanza de español con la traducción para editoriales como Periférica; Esther pasó muchos años en el desvío de la traducción técnica, hasta que desembarcó en Sins Entido; y Regina, que llegó después al mundo en general, aterrizó en el oficio con Errata Naturae y Alpha Decay.

Captura de pantalla 2016-01-17 a las 23.21.08

«La unión hace la fuerza», «quien tiene una alianza tiene un tesoro»: son lemas de Las Cuatro de Syldavia. ¿Cuándo surgió esta unión? ¿Cómo? ¿Cómo trabajáis? ¿Qué ventajas tiene estar unidas?

La idea de una «alianza» llevaba muchos años planeando sobre nosotras, ya desde que éramos alumnas de la facultad de Málaga, pero la unión de Las Cuatro de Syldavia no se materializó hasta principios del 2013, desde la perspectiva de cuatro profesionales más o menos instaladas ya en el mercado editorial, con un interés y un objetivo común: incorporarnos al mundo de la novela gráfica, de la que todas somos asiduas lectoras. Se trataba también de otorgar visibilidad a un sector de la traducción editorial que pasaba casi por completo desapercibido, pese a disfrutar de gran auge entre el público.
Nuestra dinámica de trabajo es prácticamente la misma que en el resto de ámbitos de la traducción. Hasta el momento, nos hemos repartido el trabajo sin problemas: o bien las editoriales han pedido que se encargase concretamente una de nosotras, o bien la criba se ha hecho por el idioma o, lo que es más normal, por la disponibilidad de cada cual en cada momento. Hemos incorporado además una nueva forma de trabajar: una se encarga de traducir el texto y alguna otra participa en el proceso de revisión. En novelas gráficas aún no hemos tenido oportunidad de traducir a cuatro manos, pero sí lo hemos hecho con otras obras, así que estamos más que dispuestas, si es que nos llega algún encargo que así lo requiera.
En cuanto a las ventajas que nos ofrece una unión como la de Syldavia, podríamos nombrar muchísimas; una de las más importantes es disponer de una red de apoyo y de consulta (es decir, nosotras cuatro, y los contactos que cada una pueda tener), pero además nuestra alianza nos permite no solo ofrecer esos otros servicios de traducciones colectivas, por ejemplo (o de incluso plantear el servicio completo de traducción y rotulación, gracias al tándem con María Eloy-García), sino que también supone un plus a la hora de negociar las condiciones laborales con las editoriales. No es lo mismo plantear unos términos una sola que contar con el apoyo de varias compañeras y tratar de ir todas a una. Unas veces sale bien, y otras mal, pero al menos nunca luchas en solitario.

Traducir novelas o traducir cómics y novelas gráficas. Imagino que las diferencias serán muy notables, ¿no? ¿Cuál es la más grande? ¿Qué es más complicado y por qué?

Las diferencias que pueden apreciarse a simple vista, y no por ser las más evidentes resultan menos importantes, son la extensión del texto y la presencia/ausencia de imágenes. De hecho, probablemente sean los aspectos que más condicionan la traducción de cómics, al menos a priori. Existe una diferencia considerable entre abordar una novela de trescientas páginas con muchísimo texto y un cómic, de quizá las mismas páginas, pero en el que el texto siempre será más fluido, por decirlo de alguna manera. A una novela quizá te cueste más trabajo cogerle el tono, el ritmo, identificar las voces… En las novelas gráficas eso suele ser más instantáneo, por lo que la traducción suele fluir más desde antes. Sin embargo, mientras que en la página de una novela están las palabras, y nada más (y nada menos), en la página de un cómic tienes que añadirle el condicionante de las imágenes y combinar lo que dicen los elementos gráficos con lo que dicen los elementos textuales. De la cuestión del espacio reducido de las viñetas hablaremos más tarde.
Aunque parezca que no vamos a encontrar muchas similitudes en novelas y cómics, la verdad es que los problemas para quienes los traducimos sí tienen mucho que ver: en ambos casos tendremos referencias intertextuales, elementos locales, dialectos, metáforas, humor, citas y demás.
En cuanto a la dificultad, no creemos que sea una cuestión dependiente del género o del medio del que hablemos, de si es una novela o un cómic, un ensayo o una obra poética. Para nosotras, lo más o menos difícil que nos resulte una traducción radica en el texto en sí y en las condiciones en las que nos encontremos para traducirlo. Nos ha pasado muchas veces ya: nos ha llegado una novela gráfica a priori fácil, breve, con poco texto, etcétera, y que luego nos ha llevado por la maravillosa calle de la Amargura en la que, de un modo masoquista, nos encanta vernos. Cuando te encuentras teniendo que traducir teorías matemáticas, filosóficas, fragmentos de poesías, canciones, chistes muy locales, da igual que estén escritos en formato de novela o de cómic: la dificultad será enorme en cualquier caso. Aunque claro, al juego de malabares de la traducción, en el caso de la novela gráfica, siempre se añade una pelotita más, la de las imágenes.

Captura de pantalla 2016-01-17 a las 23.22.30

Imagino que, al igual que a traducir una novela, habrá un trabajo previo al momento de ponerse a traducir. Entender y captar la voz narrativa, el contexto, el lenguaje… ¿Cómo es ese proceso, cómo lo lleváis, qué ocurre antes de ese momento de sentarse y traducir?

Pues ese proceso, como bien dices, es común a cualquier texto que se vaya a traducir; lo que ocurre es que, como ya hemos comentado antes, en el caso de la novela gráfica o del cómic tenemos algunos factores que no están presentes en la narrativa, como el uso gráfico del lenguaje o la imagen que acompaña al texto, y que son determinantes en el proceso de traducción. Por lo demás, se trata de un proceso tremendamente personal, porque cada una se enfrenta a él de modo diferente; lo que todos los traductores tienen en común es que somos antes que nada lectores, que normalmente sometemos el texto a una lectura minuciosa y distanciada a la vez, una lectura que se impregna del texto y luego se separa de él… A partir de ahí, cada una ya sigue con sus vicios: hay quien gusta de repasar el aparato crítico y hasta teórico, hay quien prefiere no saber nada del libro antes de la primera lectura… pero eso son detalles. La verdad es que, antes de ponernos a traducir, se diría que no ocurre nada: pero, desde el momento mismo en el que nos llega un libro, nuestra mente ya está en marcha traduciendo, pensando en cómo será ese título, echando un ojo al texto y pensando en cómo abordarás este problema o aquel que ya has detectado desde el principio… Suponemos que será cosa de la deformación profesional.

Si al traducir novela, aunque ocurre en la traducción en general, el traductor siempre se enfrenta a las cuestiones de la libertad, de los límites, no sólo en el lenguaje sino también en la interpretación, imagino que a la hora de traducir una novela gráfica o un cómic estos límites son aún más notorios, ¿no? ¿De cuánta libertad dispone un traductor a la hora de encajar textos en viñetas, a la hora de elegir una palabra y no otra? ¿Se está más encorsetada?

Libertad en el sentido del espacio, a priori, no hay ninguna. Siempre hemos insistido mucho en que la composición gráfica de una página importa, importa tanto como el resto de elementos de la obra: el texto de dentro y fuera de los bocadillos, las imágenes, los colores. Si un autor ha querido darle una forma, una tipografía (y tamaño de fuente) a un texto en concreto dentro de una viñeta, eso hay que respetarlo. Si el autor quiere que su viñeta tenga un aspecto limpio, despejado o, por el contrario, farragoso, eso ha de mantenerse en la traducción. Por tanto, cuidamos mucho que el número de caracteres sea prácticamente el mismo en la traducción que en el original. Y así es como una se encuentra ante la palabra o la frase perfectas (por el sentido, las connotaciones, la sonoridad, etc.), pero hace la prueba y no cabe, es imposible, resulta inviable… Y hay que empezar otra vez con la búsqueda de la verdadera palabra o frase perfectas, que son las que cumplen todos esos elementos y, además, encajan como un guante en el espacio, ni se pasan ni se quedan cortas.
De todos modos, nos gustaría comentar que este elemento nos ha servido bastante en nuestro oficio como traductoras. Notamos que, desde que traducimos novela gráfica, al enfrentarnos a otros textos, tendemos más a la concisión, a buscar la precisión de las expresiones. Así que no hay experiencia profesional que por bien no venga.

Captura de pantalla 2016-01-17 a las 23.22.44

En vuestra web, en la sección MISIONES, encontramos un recuento de todo lo que habéis traducido y una breve reflexión sobre las complicaciones, dilemas y quebraderos de cabeza que ha planteado cada una de ellas. ¿Cuál ha sido la más complicada y por qué? ¿Qué es lo más difícil de traducir este género?

Esta es la típica pregunta complicadísima de responder, al estilo de «¿Cuál es tu película favorita?». Ninguna de nosotras sería capaz de afirmar con rotundidad qué novela gráfica le ha resultado más complicada de traducir, aunque algunas destacan especialmente. Aquí (Richard McGuire), por ejemplo, pese a su poco texto, fue dificilísimo; la agente encargada de su traducción recordará siempre una doble página llena de insultos que van acompañados de la fecha en la que surgieron en inglés, por lo que hubo que encontrar equivalentes en español con un origen próximo. A comer y a beber (Guillaume Long) tuvo unas complicaciones tremendas ligadas al humor y al uso lúdico del lenguaje, hilado con referencias culturales más francesas que una baguette, pese a que, de entrada, podía parecer un texto más bien sencillito. Cosmicómic (Balbi & Piccioni) también terminó siendo harina de otro costal, aunque por razones obvias; un libro que habla sobre los fundamentos del Big Bang y demás teorías de física y astrofísica no podía ser demasiado fácil de traducir. Y en Goliat (Tom Gauld), por supuesto, no paraban de salir citas bíblicas que tenían que entrar sí o sí en el espacio. En fin, hemos tenido de todo un poco.

¿Qué ofrece, desde el punto de vista de la traducción, la novela gráfica, y el cómic, que no ofrezcan otros géneros?

Ofrece retos, muchos retos, que van acompañados siempre de satisfacción al superarlos. El principal es hacer que tu texto case tan bien con los elementos gráficos de la página como lo hace el original. Suelen ser, además, obras que requieren mucha fluidez de lenguaje «hablado» escrito. Por las propias características del medio, en las novelas gráficas hay por lo general bastante diálogo, incluso monólogos, que requieren de ciertas habilidades al traducir, porque hay que darle un ritmo determinado al texto. Cuando además eso va condicionado por las imágenes, la dificultad es algo mayor. Por otro lado, está la cuestión de las onomatopeyas y de lo que nos gusta llamar las gestopeyas (es decir, onomatopeyas expresadas a través de formas verbales o sustantivos), en las que nos podemos permitir cierta libertad, en el sentido de imaginarnos cómo reproducir el sonido de una cisterna, el de un pájaro pisando un charco, el de una mujer depilándose… hay todo un mundo de ruidos ahí fuera por descubrir. En definitiva, enfrentarnos a todo esto nos hace darnos cuenta de que somos capaces de analizar mejor ciertos elementos de otras obras en los que antes quizá no reparásemos tanto, porque andábamos más pendientes del sentido puro y duro de las palabras.

Por otro lado, y aunque entremos en un terreno más prosaico, con las novelas gráficas normalmente tenemos la sensación de traducir más rápido, aunque en realidad no sea así (es solo que las páginas suelen tener menos texto, no que tardemos menos tiempo en hacerlas). De todos modos, nos queda el regusto de haber hecho un libro en pocas semanas, y eso siempre sube la moral.

Related Articles

Share

About Author

Ainize Salaberri

Directora y editora de G&R. ı Lectora editorial. ı Proyecto de traductora. www.ainizesalaberri.com

(0) Readers Comments

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para ofrecerte la mejor experiencia como usuario. Si continúas navegando estás dando tu consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies. Para más información pincha el enlace.plugin cookies

ACEPTAR