Novela Gráfica — 09 Diciembre 2015
“¿Eres mi madre?”, de Alison Bechdel (Reservoir Books)
«No hay nada que sea sencillamente una cosa.»
VIRGINIA WOOLF

Alison Bechdel es del todo menos convencional. Ella lo sabe. Alison Bechdel ha hecho de sí misma un personaje que funciona: entrañable, débil, psicótico, disperso, obsesivo, neurótico, dulce, limitado, fascinante. Y ha hecho de su historia una historia para los demás. Los motivos que la llevasen, allá por 2006 a escribir Fun Home, así como los motivos que le llevaron a escribir ¿Eres mi madre?, pueden ser similares, o completamente diferentes, a los que llevan a todos los escritores a desarrollar sus novelas, a resarcirse de sus miserias, a deshacerse de sus vivencias. Sea por lo que sea, Alison Bechdel ha creado todo un universo en el que se libera, claramente, de todas las losas que ha ido acumulando durante años; sea como sea, Alison Bechdel nos ha hecho partícipes de una ristra de sentimientos y recuerdos que se asemejan, por hache o por be, con nuestras propias huellas. Ha conseguido algo tan complicado como encajar con el lector, darle las piezas para que a la vez que resuelve un puzzle desate dos nudos de una. Y ha conseguido algo más: que veamos a la humana detrás del libro. Se ha desnudado, ha mostrado sus infiernos… y algún cielo. La honestidad en la literatura como as en la manga. La vida por bandera.

ESA ENTRAÑABLE NEURÓTICA

Seamos claros: ¿Eres mi madre? es una neura absoluta de la autora; no una ida de olla, no un grano de arena del que ella haga una montaña que la devora. No es un «porque sí». No. Es una neura personal porque no sabe quién es Alison Bechdel y, por ende, cuestiona a todas las personas y personalidades que hay a su alrededor. El interrogante sería, entonces, ¿Quién es esa que me mira desde el espejo? Esa es una de las formas de entender el libro. También podemos entender que es una neura porque a Alison le va el drama: ¿acaso no ha estado siempre rodeada por él? O, quizás, es una suma de ambas, o es que una va de la mano de la otra, o es que en realidad Alison no entiende de dónde viene ni a dónde va, ni por qué. Una cosa está clara: sin Fun Home no puede entenderse ¿Eres mi madre?
¿Y qué hay en Fun Home, pues? Drama. Desorientación. Descubrimientos. Secretos. Mentiras. Y una sinceridad que se sobreviene de repente y que ahoga. Ahoga un ratito tan largo que quizás la autora aún está boqueando en algún lugar de Nueva York.

La neura, decía. La neura nace de una necesidad psicológica y patológica de entender. Necesidad de saber. Por eso Alison lee todo tipo de libros que le ayuden a esclarecer todo aquello que siente, incluso lo que pasa de puntillas; todo lo que vive, todo lo que hace y lo que no hace, el cómo de lo que hace y deja de hacer. También por eso Alison encadena una psicóloga con otra, un filósofo con otro, un psicoanálisis con otro, un mundo tras otro. Devorar el pasado para entender el presente. Así parece entender la vida. No comprende que no puede entenderse todo, que es necesario tener lagunas. Y de ahí las neuras, de ahí los abismos, que parecen surgirle de la nada; de ahí los puntos oscuros: de una situación que al 90% de los humanos no nos dejaría rastro alguno, a ella le provoca un cisma. Alison Bechdel, persona y personaje –si es que acaso haya separación alguna–, no se encuentra a gusto con ningún disfraz. Y eso le complica la presencia en el escenario.

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¿Eres mi madre? está llena de citas de Winnicott, psicoanalista y pediatra británico, y la narración tiene como motor a Virginia Woolf, lo cual no es ninguna sorpresa si tenemos en cuenta que Woolf también estuvo obsesionada con su madre. Es la escritora perfecta sobre la que sustentar sus divagaciones y desvaríos. [En Fun Home, y si mal no recuerdo, el motor principal era Scott Fitzgerald.] Todas las citas, a veces un tanto redundantes, aburridas y exacerbadas del doctor Winnicott, no hacen más que ilustrar todos los estadios por los que pasa Alison antes de llegar a algún punto: rodear todas las posibilidades, olisquear, rumiar, destrozar, obsesionarse… y buscar más. Alison no deja de buscar, en los libros y en sus terapeutas, algo que sólo puede encontrar en sí misma. Buscar en el abismo de nuestra propia existencia es una actividad frenética de la que no siempre salimos bien parados. Y, pese a que en ocasiones resulta tremendamente complicado seguir el hilo de la historia –porque la autora nos lleva de aquí para allá, dejándose llevar por vibraciones e intuiciones– debido a la gran cantidad de citas a través de las cuales ella considera que llegaremos a la misma conclusión, al mismo descubrimiento, el fin de cada capítulo, el objetivo, el hilo del que tiramos, es siempre el mismo: encontrar la salida, de sí misma y de los demás.

DÉJAME LIMPIA Y ASEADA

¿Eres mi madre? y Fun Home son libros autobiográficos. Purgas. Latigazos. Alison intenta, en Fun Home, entender a su padre, que prefirió el suicidio al escándalo conyugal, y en ¿Eres mi madre? ahonda en su relación con su madre; en lo que fue y es, en lo que le gustaría que hubiese sido y lo que es. Pero, en realidad, sus padres parecen ser sólo la excusa, el cordón umbilical, a través del cual vaciarse de sí misma. Todos los ecos en Alison Bechdel nacen de Alison Bechdel. No hay ningún otro principio ni fin. Asistimos, como en trance, al desmembramiento de la autora; extremidad tras extremidad, vena tras vena, Alison se separa de sí misma y nos deja asistir al espectáculo, con más necesidad que pudor.

Nacida en una familia poco convencional, en una casa construida a base de silencios, secretos, mentiras y amor de tapadillo, la niña que escuchaba las historias de su madre en la cama creció para adentro. No se veían las juntas, ni lo remates de las puntadas, ni el hilo. No se veían las cicatrices ni las heridas. Mucho menos los pensamientos. Pero, como todo lo que tiende a magnificarse dentro y no fuera, Alison explotó, en silencio pero explotó, y cuando recogió todos sus restos… estos no tenían ningún sentido. De ahí, quizás, la necesidad de entender. De ahí, quizás, volver a desarmarse. Dibujarse para verse desde fuera, como cuando Virginia Woolf escribió Al faro, y comprender de qué trataba ese juego macabro. La excusa, como decía, sus padres, foco principal de la mecha que encendió la bomba. Y empezó por su padre porque las madres siempre son más devastadoras. De ellos surgieron todos los interrogantes y en ellos deben terminar. Desmembrarse, limpiarse, continuar.

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RECONCILIACIÓN

No se puede obviar que estos dos libros existen porque Alison necesita perdonar, reconciliarse con quien no fue del todo y con quien es, reconciliarse con quienes no fueron del todo y con lo que se convirtieron. Perdonar las mentiras del padre y las ausencias, los silencios, de la madre. Entenderse a sí misma, sí, pero también entender, a través del perdón, que pocas veces podemos explotar nuestro verdadero yo; porque la vida empuja, porque empujan los demás, porque falta valentía o porque sobra cobardía. Qué más da. Estos libros son un reflejo de la necesidad de una niña de recuperar a su madre y, de paso, de recuperar la niña que era: esa Alison que esperó aquel beso de buenas noches y que su madre le negó. Perdonar a esa madre. Reconciliarse con ella. Salvarla para poder salvarse ella.

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Ainize Salaberri

Directora y editora de G&R. ı Lectora editorial. ı Proyecto de traductora. www.ainizesalaberri.com

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